domingo, 12 de septiembre de 2010

GRANIZADA DE GOLES..


Goles, gambetas, chalacas e inclusive el propio escorpión es el pan de cada día del barrio Granizal, un lugar que toma su nombre de antaño, cuando en invierno caían fuertes granizados, ahora llueve puro fútbol.

¿Quién iba a creer que la comuna número uno, zona nororiental de Medellín, se convertiría en uno de los más grandes escenarios del fútbol paisa? Todo gracias a la transformación de la cancha de un barrio, con un nombre un tanto coloquial, que antes ni se oía mencionar, ¿Quién sabía dónde quedaba Granizal? , y si se oía era solo para decir: el número de muertos del fin de semana, o relatar el robo al tendero. Pero ahora todo el mundo quiere visitar la cancha y jugarse un “picadito” en una manga que, por ser sintética, se roba la atención de los amantes de este deporte.

El barrio Granizal es el producto de invasiones por parte de campesinos que buscaban en este sector un mejor estilo de vida, así lo cuenta Doña Elba, una de las fundadoras del barrio, su casa queda justo al frente de la cancha, en aquel entonces, hace más de 25 años, ella tenía 4 hijos, ahora tiene 11, y mientras su familia crecía, esa cancha, que era tan solo un potrero, se fue convirtiendo en el lugar más importante del barrio.
Don William, uno de los entrenadores más reconocidos de la zona, recuerda haber visto los caballos comer pasto en aquella batea, donde la gente empezó a poner dos porterías para jugar un partidito, después fue llegando la maquinaria, que no dejaba dormir a los vecinos, no tanto por el ruido que esta producía, sino por mantener en vela la ilusión de tener un terreno mejor para jugar, pero por desgracia este era todo un pantano.
Se organiza el primer torneo de la Pony Fútbol, donde participaron las personas del sector. Ahora podían gozar de una cancha más digna, donde el balón no se quedaba entre los matorrales de aquel viejo potrero, ahora no olía a boñiga.
¿Cuánto quedaron? ¿Quién metió el gol? Eran las preguntas que despertaban la curiosidad de quienes estaban alrededor.
Pero, una oleada de violencia asota la comuna, las milicias se apoderan del barrio, y los balones paran de rodar, los pases se detienen y el grito de gol se apaga en la garganta de los hinchas, los balones desinflados abundan y no hay quien se arrime al arco contrario porque ahora los contrincantes no son equipos de fútbol, sino bandas y combos de jóvenes, que en algún momento fueron los protagonistas de los “picaditos” que allí se jugaron.
Pero ahora había que remontar un marcador. La transformación era necesaria, y nace la idea de crear más que una cancha, un pacto ciudadano, más que arcos, convivencia pacífica, no solo graderías, sino también calidad de vida, más que un espacio público, una nueva ilusión en esta cancha, que aunque sintética despertaba sueños reales y la posibilidad de volver a sudar la camiseta.
La manga sintética fue la sensación, no solo para los locales, que estaban seguros de que los caballos ya no podrían acercarse a comer manga como lo hicieron en un principio, sino también para extranjeros, como los llaman ellos, gente de Castilla, Manrique, 12 de octubre, jóvenes de los barrios aledaños e inclusive de Envigado.
¿Quién iba a creer que cambiar la arena por la grama sintética iba a traer tantos beneficios?, empezando porque el polvo llevaba a quienes jugaban sucios sus casas, el deterioro de la fachada y hasta las enfermedades que esta producía, Mauricio, por ejemplo, dice: “Ahora no me aporreo tanto y ya no me da miedo caerme cuando juego y puedo hacer la chalaca o la chilena y hasta una palomita”. Definitivamente el nivel futbolístico aumentó, y ahora las tribunas ven goles de categoría, que antes no se veían.
Al principio, la adaptación fue difícil porque la entrada ya no era libre, sino que debía organizarse por turnos y horarios, osea que si uno quiere hacer una “recocha”, debe planearlo con una semana de anticipación, eso si, sin pagar un peso.

“Aquí se hacen amistades”, lo afirma don William, quien vive por y para el fútbol. Con su semillero Sembradores del futuro ha logrado que el fútbol sea el común denominador de los habitantes. Ya la gente cuando no hay un grupo completo invitan a otros y se ponen a jugar, ahora hay más unión entre los vecinos… Ya no hay problemas como antes, eso ya no se ve.
Desde el más pequeño hasta el más grande, vienen a disfrutar del fútbol. Ya hay torneos constantes de diferentes edades, hasta los veteranos se dan su jugadita. “El año pasado hubo un torneo donde cada equipo era un valor, así que el fútbol también nos hace mejores personas, conocimos valores que antes no distinguíamos, y nos esforzamos por reflejar el valor, que era en realidad el nombre del equipo, en la cancha e interiorizarlo en la vida de cada uno”, Dice Carlos, el entrenador del DIM.
En el torneo actual, cada representa uno del fútbol profesional colombiano, no importa si los niños son del Atlético Nacional, o del Medellín, en la cancha defienden otro nombre, y esto hace que desde ya se valore el fútbol colombiano, y que cuando crezcan los niños no se genere fanatismo, y miren el fútbol como un juego.
Eso lo tiene claro Anderson, quien va a la tribuna sur del estadio con su tío y se queja por las constantes avalanchas que no dejan ver el partido, el dice que allá, el que no salte, no sale vivo, y aunque le gusta animar a su equipo, el Atlético Nacional, dice que prefiere deleitarse con las jugadas de sus ídolos.
Anderson, guarda en su billetera cada una de las boletas de los partidos a los que ha asistido, es un coleccionista de recuerdos.

Sus compañeros de equipo, los del Deportivo independiente Medellín, son en su mayoría hinchas del Atlético Nacional, ellos sueñan con ser grandes futbolistas cuando sean grandes, ven jugar a Kaka, Cristiano Ronaldo, Robinho…
Inclusive, aspiran a llegar a jugar en el exterior. Como sucedió con Víctor Andrés Córdoba, un joven que desde los 7 años se dedicó a jugar fútbol, antes en arena, después en la sintética. Era demasiado pobre, y venia desde Robledo a jugar, Don William le echaba el ojo, y veía en él un gran talento, lo fue formando, y lo llevó a la Pony Fútbol, de ahí pasó a jugar al Medellín, y ahora está jugando en el fútbol paraguayo, ¿quién iba a creerlo?, Víctor es un ejemplo para los demás muchachos que ven en el fútbol una oportunidad y una opción de vida.
El entrenamiento es todo un compromiso, dos días a la semana, en un horario que les permite asistir a la escuela, hacer tareas, ayudar en los en la casa y después sudar un rato practicando los pases, las jugadas, la estrategia del triunfo para los partidos del fin de semana.
Pero eso, el que no rinda en la escuela, o esté grosero con sus papás, se esté poniendo aretes o se las esté dando del duro del barrio, no puede volver al equipo porque lo más importante es que se traten como hermanos, al fin y al cabo es el fútbol lo que los une.
Y es que Don William empezó su pasión por el fútbol viendo jugar a su hijo, asistía a todos los entrenamientos, y fue en ellos donde sintió las ganas de crear su propio equipo, y darle la posibilidad a más niños que en un futuro pudieran jugar como su hijo lo hizo, tomo cursos, pero básicamente aprendió de lo que observaba en los entrenamientos de su hijo.
Como él, muchos padres se sientan todos los días en las graderías a observar con esperanza el entrenamiento de sus hijos, haciéndoles fuerza en los partidos.
Tal es el caso de Doña Alba, quien por primera vez vio jugar a Fredy, su hijo, y le tocó verlo ganar, goleando 6-1 al equipo rival, en ese momento doña Alba era la mamá más orgullosa del mundo, y recibió a su hijo con unas deliciosas empanadas, no de iglesia, sino de fútbol, y agradece que hubiera ganado, porque eso significaba que iba a estar de buen genio el resto de la semana, porque cuando pierden, eso si es otro cuento.

Los sembradores del futuro deben pagar $2500 pesos por semana para poder entrenar, si no los tienen, esto no es impedimento, Don William y su grupo técnico son muy comprensivos, porque para ellos la plata no lo es todo, el fútbol si lo es.

Daniel es delantero, y cuando mete gol le gusta celebrarlo con sus compañeros, pero lo primero que hace al anotar es agradecerle a Dios y echarse la bendición, Dreison anotó su primer gol en el torneo, Duban, su compañero, lo cargó, y le dedicó el gol a su hermanito que acaba de nacer, ambos, celebran como “cracks” y esperan que estos sean los primeros goles de una larga carrera futbolística.

Tatiana, es la única mujer que juega en el torneo, ella es aceptada por todos sus compañeros, pero no como si fuera uno más, sino como toda una dama, ellos dicen que muchos de sus amigos la molestan por ser mujer, dicen que es un macho, que parece un niño, pero ellos la defienden a capa y espada porque saben que eso no es verdad y que hay que respetar a las mujeres y darles la oportunidad de jugar con la pecosa, porque en el fútbol no existen las diferencias.

Tatiana, en un futuro, quiere crear su propio equipo de mujeres y resaltar el fútbol femenino que espera ella sea como el de otros países que participan en el mundial.
Hasta el comercio se ha visto beneficiado, Edwin, un joven de 14 años, no muy amante del fútbol, vende Bon Ice en los alrededores de la cancha, y dice que ahora si vende lo suficiente, claro que depende del clima.

No importa si llueve, truena o relampaguea en Granizal ya no se ven granizadas como en viejas épocas, ya no hay caballos en las canchas, ya no hay jóvenes con armas hay una comunidad que vive para y por el fútbol y una sociedad que vive con los pies en la tierra y la pelota en la cabeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario